¿Cómo ser un buen jefe?

No estamos pensando que naciste iluminado para ser un buen jefe. Los que siguen son una serie de recetas para que a “gente normal” a quienes les correspondió liderar una organización, sean buenos jefes.

Buen jefe es el que hace buenas preguntas a la gente que trabaja con él. ¿Quieres ver los efectos inmediatos de un jefe “preguntón”? Anota en un papel las preguntas que siguen y ponlas en un lugar muy visible de tu escritorio. Que esté a la vista de todos busca que no sólo las mire quien estará conversando contigo sino que tu mismo no te olvides de hacerlas y esperar con paciencia la respuesta!

Preguntas a tener en cuanta en toda reunión:

  • ¿En qué consiste exactamente el PROBLEMA? ¿Cuáles son las CAUSAS del problema?
  • ¿Cuáles son las SOLUCIONES posibles?
  • ¿Qué solución propones TÚ?
  • ¿POR QUÉ propones esa solución?

Sí, aunque te parezca contrario a lo que frecuentemente se dice, un buen jefe tiene que tener “labia” para discursear y convencer, pero sobre todo conviene que tenga una oreja preparada para oír. La virtud que tienen estas preguntas es que involucras y comprometes a tu equipo en las decisiones. Si quieres conducir bien, tomate el tiempo para hacer estas preguntas. Nadie te apura. Además, vas a ver que después de hacerlas el 90% de las dificultades o problemas “caerán por su propio peso”, lo que es muy bueno.

10 Mandamientos de un buen jefe

Un buen jefe…

  1.  Se rodea bien. Arma tu equipo de trabajo y deja que ellos hagan las cosas. No ¡es más! deja que ellos se luzcan. ¿Te cuesta hacer que se luzcan otros y no tú? No te preocupes, es normal. Todos tratamos de destacarnos, pero créeme, un buen jefe no sólo da espacios a su gente sino que logra que estén orgullosos en sus cargos.
  2. Hace planes. Dirige la institución en base a un Plan. En realidad el verdadero guía de la organización no es el jefe; es el Plan. El debe tener la habilidad para aunar a toda su gente en torno al Plan. Procura crearle una verdadera agenda a tu organización; que en esa agenda común estén plasmadas las responsabilidades de cada uno, sus metas y sus plazos.
  3. Se “come el buey de a poco”. Un buen jefe no se enreda con lo grande ni se amilana. Sabe que hay que “descuartizar al animal y comérselo por partes”. Esto en concreto significa que para enfrentar un problema grande hay que desglosarlo en partes y dejar claramente establecido quienes son los responsables de resolver cada una de las partes. Para abordar asuntos complejos hay que desmenuzarlos en unidades trabajables, por decirlo así. Una vez hecho esto veremos que ese problema que parecía grande, no lo es tanto. Un filósofo francés3 decía que había que “distinguir para unir”. Este lema nos sirve para describir la actitud del buen jefe para enfrentar asuntos de envergadura.
  4. Tiene presentes los riesgos y los enfrenta. Sé un jefe “muy motivado” para los planes; pero al mismo tiempo piensa en los riesgos que conlleva todo Plan. Y esta actitud por supuesto, no la tengas por ser amargo o “aguafiestas” sino simplemente porque sabes que siempre habrá inconvenientes para el logro de las cosas. Ten claro que saber sortear esas dificultades puede ser la mejor garantía de conseguir los resultados que buscas. De alguna manera un buen jefe es aquel que “para ganar, evita perder”
  5. Foco. A propósito de evitar cosas: la chimuchina no te ayuda en nada. Evítalas! Concéntrate en lo que importa. Un buen jefe tiene foco. Esto significa que todos los lunes se plantea cuáles son las 3 o 4 cosas importantes de la semana y las comparte con su equipo.
  6. Un buen jefe concluye e invita a los suyos a concluir. No dejes que las cosas se “vayan por las ramas” por mucho rato. A poco andar saca un cartelito que diga. Y entonces, ¿qué?. Ese cartel será un recordatorio para todos que se debe volver al tema de fondo y concluir.
  7. Saca lecciones. Un buen jefe aprende de cada cosa que ocurre. Es casi gracioso; anda repitiendo y machacando las lecciones en voz alta por toda la oficina. ¿Y sabes por qué lo hace así? Porque con esta actitud las cosas buenas se repiten y se convierten finalmente en buenas prácticas; los errores en cambio, se cometen una sola vez: con tanto “campanilleo” del jefe todos tienen claro las prácticas indeseables.
  8. Enfrenta los problemas. Un buen jefe se guía por los problemas. (sin ser un jefe gruñón, ya lo dijimos!). ¿Qué significa esto? Que empieza el día preguntándose por el problema que abordará esa jornada. Pero un buen jefe no solo ataca los problemas evidentes; eso es relativamente fácil. Tiene la virtud de tomar con gran energía esos problemas que flotan en el aire; esos que no se nombran. El buen jefe los hace explícitos: los llama por su nombre, los arroja sobre la mesa y le dice a los suyos: “Enfrentemos esto de una vez por todas este asunto! ¿Qué hacemos para solucionarlo?”
  9. Es machaca. Un buen jefe no tiene necesariamente que ser una persona especialmente dotada. Si de pronto se te apareciera Aladino, el de la lámpara maravillosa, y te ofreciera 3 virtudes, no dudes: pídele ser persistente, luego ser persistente y finalmente, ser persistente.
  10. Un buen jefe tiene “don de gentes”. Si Aladino sigue ahí, pídele un último deseo: que te otorgue el don de gentes. Los antiguos llamaban a eso saber relacionarse bien; tener ascendencia con la gente, ponerse en los zapatos del otro. Si no tienes este don, ninguno de los mandamientos anteriores te servirá de mucho.

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Juan Francisco Lecaros

Presidente del Directorio. Fundador de Simón de Cirene.

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